Camperizar es sobre todo decidir el orden. Quien empieza por los muebles acaba desmontándolos para poner el aislamiento, y quien empieza por la electricidad acaba pasando cables por donde no debía.
El orden que evita rehacer trabajo
- Ventanas y claraboya — porque implican cortar chapa y es mejor hacerlo con la furgoneta vacía.
- Aislamiento y barrera de vapor — antes de que nada tape las paredes.
- Instalación eléctrica y de agua — los tubos y cables van por detrás de todo.
- Suelo.
- Muebles.
Aislamiento: la condensación es el enemigo
Una furgoneta con dos personas durmiendo genera cerca de un litro de agua por noche en forma de vapor. Ese vapor busca la chapa fría y se condensa: si llega, la chapa se oxida por dentro sin que lo veas. Por eso importa tanto la barrera de vapor como el aislante.
El Armaflex de célula cerrada es el más usado precisamente porque no absorbe agua y hace de barrera él mismo. La lana de roca y los aislantes de fibra aíslan bien pero se empapan si les llega humedad, y entonces dejan de aislar y no se secan.
Claraboya: no es sólo luz
Es lo que saca el vapor y el calor. Una de 40×40 cm es el estándar y cabe entre los refuerzos de casi todas las furgonetas. Con ventilador extractor gestiona mucho mejor la condensación y el calor de cocinar. Es de las mejores inversiones por cada euro.
Muebles: a medida o modulares
Los kits modulares por modelo de furgoneta salen más caros por pieza pero encajan sin cortar y se pueden desmontar. Hacerlos a medida en contrachapado de álamo o chopo sale más barato y pesa menos que el aglomerado, que además se hincha con cualquier humedad.
Y no pierdas de vista el peso total: entre muebles, agua, baterías y equipaje se llega al máximo autorizado antes de lo que parece, y ahí ya no es una cuestión de comodidad sino de multa.