La silla de camping es la compra que más gente repite en dos temporadas, porque se elige por precio y se sufre por comodidad. Tres cosas la definen: la carga máxima, la altura del respaldo y el peso.
La carga máxima no es un capricho
Muchas sillas baratas están dadas para 100 kg. Ese número se calcula con la persona sentada y quieta: si te apoyas en un brazo para levantarte o te reclinas, el esfuerzo real es bastante mayor. Coger una de 120-140 kg aunque peses 80 alarga la vida de la silla varias temporadas, y suele costar 10 € más.
Respaldo alto o bajo
El respaldo bajo pesa menos y ocupa menos. El alto sujeta la cabeza y es lo que separa «sentarse un rato» de «pasar la tarde». Si la silla es para estar en el camping y no para caminar con ella, el respaldo alto se agradece cada día.
Peso y volumen: depende de cómo vayas
- Menos de 1 kg: sillas de montaña, tipo trípode o de estructura de varillas. Caben en una mochila y cuestan más.
- 1,5-3 kg: la silla plegable clásica de camping. El punto dulce para ir en coche.
- Más de 4 kg: sillones con reposapiés y tumbonas. Comodísimos y difíciles de mover.
Tela y estructura
El poliéster 600D aguanta bien el uso normal; por debajo de 300D la tela se destensa pronto y con el sol pierde color en una temporada. La estructura de acero es más barata y pesa; la de aluminio pesa la mitad y no se oxida, que importa si la silla vive fuera o cerca del mar.
El detalle que se olvida: los tacos
En hierba o arena, las patas finas se clavan y la silla se hunde de un lado. Los modelos con pie ancho o con taco de plástico grande no tienen ese problema. Es lo que diferencia una silla que se usa de una que se queda en el maletero.