Calentar una camper en invierno tiene tres soluciones y una regla que las cruza todas: lo que calienta también quema oxígeno, salvo que los gases salgan fuera.
Estacionaria de gasoil
Coge el combustible del propio depósito, se enciende con un mando y mantiene temperatura toda la noche gastando entre 0,1 y 0,3 litros por hora. Los gases salen por un tubo al exterior, así que no consumen el aire de dentro ni generan humedad. Es la opción de referencia para dormir en invierno. Requiere instalación y cuesta entre 300 y 1.400 € según marca.
Calefacción de gas
Lo que monta de fábrica casi toda caravana y autocaravana. Calienta rápido y bien, pero gasta botella: en frío de verdad, una bombona puede irse en pocos días. También va con salida de gases al exterior.
Estufas y catalíticas: cuidado aquí
Las estufas catalíticas y de llama abierta sin salida de gases queman el oxígeno de dentro y sueltan vapor de agua. Eso significa dos cosas: hay que ventilar sí o sí — con una rejilla abierta, no con la puerta cerrada — y toda esa humedad acaba condensando en las ventanas y las paredes. Se pueden usar para quitar el frío un rato estando despierto. Nunca para dormir con todo cerrado. Y un detector de monóxido de carbono, que cuesta 25 €, no sobra en ninguna camper.
Los recambios que se piden
En estacionarias, lo que más se cambia es la bujía de encendido y la malla o filtro de la cámara, cada 2.000-3.000 horas o cuando cuesta arrancar. En las de gas, el termopar y el piezo. Merece la pena tener la referencia apuntada antes de que falle en enero.
Cuánta potencia
Como referencia, 2 kW calientan bien una furgoneta camper aislada y hasta una caravana pequeña. 4 kW son para autocaravanas grandes o vehículos con poco aislamiento; en un espacio pequeño una de 4 kW trabaja al mínimo todo el rato, se ensucia antes y hace más ruido del necesario.